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Los espacios de la izquierda

Escribo para mis amigos. Si, de paso, lo lee alguien más y hasta le provoca una reflexión, bien. Pero yo escribo para mis amigos, no sólo para que confirmen cómo pienso, sino para que podamos seguir tomando vinos, sabiendo que militamos en campos distintos, en el caso de que esa sea la situación.

Cuando, hace ya casi dos décadas, Izquierda Unida dejó reducida su representación parlamentaria a dos únicos diputados, la búsqueda de la unidad de la izquierda se convirtió en la principal demanda en ese espacio político. Había una clara conciencia de que se trataba de un espacio muy plural, con idearios políticos próximos, pero con métodos, experiencias y trayectorias casi antagónicas.

Estábamos en este proceso e irrumpió Podemos, que atrajo la simpatía de la mayoría de ese espacio político y de otras posiciones más transversales. Llegó a superar los setenta diputados, cosa nunca soñada en la izquierda. Pero la ilusión fue muy pasajera. En sólo tres años, Podemos redujo su representación parlamentaria a la mitad y ello a pesar de haberse coaligado con Izquierda Unida. Las cosas comenzaron a ir cada día peor: Podemos perdió toda representación en Galicia y en el País Vasco, se rompió en Andalucía y se hizo casi residual en Madrid. Sin embargo, había llevado a su fin el recorrido político: la unidad de la izquierda plural había sido reemplazada por la nueva “casa común” de Unidas Podemos.

En Europa, al mismo tiempo, se consolidaban tres espacios de lo que se viene denominando izquierda: el socialdemócrata, el verde y el de la izquierda unitaria. En esta nueva situación, Los Verdes, antes siempre marginales, comenzaban a adquirir mayor representación cada día. Este es el contexto en el que hay que entender la situación en la que actualmente estamos en España. También aquí hay ya y definitivamente tres espacios diferentes en lo que no es derecha: el PSOE, con toda su historia, que es, a la vez, su fuerza y su debilidad; Unidas Podemos, un espacio definido de izquierda, cada vez más acotado y preciso; y Los Verdes.

La cuestión, en España, es precisar qué es eso de Los Verdes. La marca oficial europea se la ha quedado Verdes-EQUO, un partido bien pensado en su origen, pero que ha sido siempre marginal e, incluso, insignificante. Su presencia política ha dependido habitualmente de las coaliciones de las que ha formado parte, donde ha estado en minoría y poco menos que de prestado. La Conferencia Política celebrada los días 5 y 6 de junio ha decidido fortalecer la alianza con Más País, donde la ecología política se vislumbra como el eje articulador del pensamiento y de los programas electorales.

Además del pensamiento político, definido prioritariamente por la ecología política, el nuevo espacio verde, que trata de construir EQUO con sus alianzas, tiene una connotación metodológica que marca una diferencia esencial con los ámbitos de las otras izquierdas. Frente al centralismo y la configuración jerárquica, que ha sido la seña de identidad de Podemos, manifestada, por ejemplo, en la obligación de introducir sus siglas en cualquier alianza, el nuevo espacio verde que se construye es de naturaleza decididamente federal. Eso se concreta en respetar y apoyar a las formaciones municipalistas allá donde existan o en aliarse con las ofertas políticas regionales existentes, siempre que sitúen el ecofeminismo como elemento articulador de sus proyectos políticos. “Será flexible y respetuoso con las realidades existentes en cada territorio, para abordar las elecciones locales y autonómicas”, dice la Conferencia Política.

Nada, pues, de nacionalismo; nada de izquierdas; nada de centralismo, aunque se diga democrático. Todo para la autonomía regional de municipios y regiones que optan por el cuidado de las personas y de la naturaleza; y búsqueda de la confluencia estatal bajo esos mismos principios ideológicos y metodológicos. “Construirá un proyecto de país para las elecciones generales, cuyo traslado al campo electoral se hará teniendo en cuenta las realidades territoriales en su conjunto, con unos mínimos garantizados en conformación de listas, cargos electos y técnicos, reparto económico, gestión de la coalición, adopción de decisiones, etc. para todas las partes que componen la coalición”, dice la Conferencia. Lo miso se prevé para las elecciones europeas, con una concreción: “Y concurrirá conjuntamente a las elecciones europeas, integrándose en el Grupo Verde del Parlamento Europeo”.

Se acabó, pues, el mantra de la unidad de la izquierda. Cada palo ha de aguantar su vela y los pactos, si hay que unir minorías de gobierno, se hacen en Ayuntamientos, en Comunidades Autónomas y en el Congreso de los Diputados. Esto es así y cuanto menos nos engañemos, mejor.

Marcelino Flórez

Comienza el desorden

Equo es un proyecto fracasado. Los afiliados lo sabemos, porque nunca hemos necesitado más dedos que los de las manos para contar a los asistentes a las reuniones y a los inscritos en las listas. La sociedad también lo sabe, porque ha podido ver los apoyos electorales, siempre escasísimos. Seguramente Equo fracasó porque, antes de que se hubiese consolidado, apareció Podemos, que fue un proyecto triunfador desde el primer día. Bueno, algo habrán tenido que ver los medios de comunicación y la propia militancia. No me importan las causas, me importa el hecho: Equo no se ha consolidado como oferta política.

En el caos político que existe desde hace seis u ocho años, Equo ejerció de pegamento entre la izquierda, favoreciendo los pactos de coaliciones electorales. Ha sido una labor meritoria y Equo ha recibido más de lo que ha aportado. De hecho, ha logrado subsistir gracias a las migajas económicas y mediáticas que la coalición ha reportado. Al ponerse en duda las coaliciones existentes con la irrupción de Más Madrid, Equo entra en un desequilibrio demoledor. Pronto lo vamos a ver.

En la fase de coaliciones, las desavenencias internas fueron ya una constante en Equo. Se produjo una ruptura primera en 2016, que se personificó en la división entre Floren Marcellesi y Juantxo López Uralde. En el proceso electoral múltiple de 2019, la ruptura ha sido la norma, ejemplificada de forma perfecta en las elecciones europeas, al querer ir unos con unos y otros con otros, de lo que resultó no ir a ninguna parte. Se salvó Madrid en esa vorágine electoral, donde una amplia mayoría de personas afiliadas de Equo, con los líderes a la cabeza, se insertaron en las listas de Más Madrid y contribuyeron a la creación de este partido, cuyo origen son las confluencias, algo bien distinto de las coaliciones. Ahora son concejales en muchas localidades madrileñas y procuradores en la Comunidad Autónoma. La mayoría de estas personas estaban en la asamblea del domingo 22 e Inés Sabanés, la concejala madrileña, ejerció de portavoz. Ese gesto ha hecho estallar la contradicción.

Juantxo López Uralde ha contestado en los medios con toda premura y dureza a Inés Sabanés. Que si los estatutos no permiten la doble militancia, que si mucha gente está en desacuerdo con Errejón, que si la ejecutiva está a su favor y, por eso, no la expulsan, que no cabe para él más opción que la coalición con Podemos y que “si se toma otra decisión yo no estaré”.

El problema para Juantxo es que en Equo ha habido un referéndum. Cuando Podemos hizo su referéndum, IU y Equo se vieron obligados a hacer lo propio. Al ser una decisión no coordinada, cada partido propuso unas peguntas diferentes. Las de Equo fueron: “votar a la investidura”, “votar en contra de la investidura”, “votar en el mismo sentido que Unidas Podemos”. Sólo participaron 692 personas, cosa que es habitual; y ganó por goleada, el 70 por 100 en números redondos, “votar la investidura”, con 484 votos; quedó en segundo lugar la opción por la unidad con la coalición, 171 votos; y fue insignificante la opción por el no a la investidura, 37 votos. Aunque los resultados eran evidentes y las preguntas clarísimas, el único representante parlamentario de Equo no ha hecho caso de los mismos. Más desorden y más quiebra es imposible encontrar.

En este contexto, irrumpe en la escena Más Madrid, uno de cuyos componentes significativos es el personal de Equo en la región. No sólo están en Más Madrid, sino que ejercen de portavoces. Mientras tanto, Equo tenía convocada una asamblea extraordinaria para los días 26 y 27 de octubre, donde se “renovarán los cargos de la Comisión Ejecutiva Federal y se sentarán las bases de la renovación del partido”. Para la aprobación del reglamento de esta asamblea se ha hecho una consulta, que apenas ha rebasado la cifra de 200 participantes, lo que no deja de ser una muestra del desánimo y el desorden reinante. Yo mismo no me he dado de baja aún, por si hubiese que participar en alguna votación relevante en fechas próximas. Pero todo indica que la “renovación del partido” no va a esperar a la asamblea de octubre, sino que se resolverá en el desorden reinante.

Marcelino Flórez

La avaricia rompe el saco

Lo advirtió el martes Aitor Esteban: la avaricia rompe el saco. Y se rompió.

Tengo que comenzar diciendo que no soy yo el que le ha escrito el discurso al candidato a la investidura, aunque haya seguido la misma lógica que usé yo en mi escrito anterior sobre el relato. Pedro Sánchez ha explicitado los pasos que ha dado: renuncia a una investidura con simple programa general; renuncia a negociar un programa de gobierno para cuatro años; renuncia a la oferta de altos cargos en la Administración; renuncia a un gobierno de independientes con propuestas de UP. Luego vino la consulta a los inscritos, la renuncia de Pablo Iglesias y las propuestas de gobierno de coalición. Sin acuerdo.

Ha dicho otra cosa el candidato: la investidura no debía de haber tenido precio. Eso mismo pienso yo. Y más, el programa de gobierno también podía haber ido sin precio. Hacía falta confianza para eso. Pero la estrategia era otra y el resultado lo escribí ayer y lo ha dicho el candidato hoy: “el planteamiento del proceso estaba tan mal hecho, que sólo había sido capaz de generar desconfianza y el resultado iban a ser dos gobiernos paralelos. Un camino cerrado”. Acerté.

Lo malo del acierto de mi análisis es que eso vale para hoy y para los sesenta días siguientes. Ya no podrá haber nunca un gobierno de concentración entre PSOE y Unidas Podemos. Lo que ha ocurrido este 25 de julio es como una segunda palada de cal viva. Y con los mismos protagonistas, tanto personales, como colegiados. Una segunda vez ya es para siempre, se reconozca o no el error.

Habrá muchas consecuencias, aunque una parece segura. El gobierno de concentración ya no es posible. Pedro Sánchez ya no es candidato. Podría buscarse un acuerdo de investidura o, incluso, un pacto de legislatura con un programa de gobierno. Para ello, deberían aparecer mediadores capaces de lograrlo. Tengo poca esperanza, aunque conservo un hilo.

Las otras consecuencias son para la coalición de UP. El uso arbitrario que Podemos ha hecho de la coalición, cuya concreción más evidente fue la consulta a sus bases, representa de hecho la ruptura. Puede que las cúpulas no lo decreten aún, pero las bases ya lo han decretado. Las consultas de EQUO y de IU no ofrecen dudas acerca de los deseos de su afiliación: apoyar la investidura. López Uralde no tiene excusa para no haber votado sí; Alberto Garzón y sus seis compañeras podrán excusarse con la formulación de la pregunta, pero el espíritu era clarísimo, el 78 por 100. Así que no sólo se rompe la coalición, sino que entran en barrena los partidos que la forman. No digo nada lo que pensarán sus votantes.

La reconstrucción de la izquierda empieza hoy. Y esta vez no podrá hacerse mediante coaliciones de viejos partidos con la soberbia de otros nuevos. Esta vez será confluencia o no será. En Madrid ya lo han ensayado y la puerta está abierta. Lo malo es que nos van a dar sólo tres meses.

Marcelino Flórez

Elecciones: el análisis viene hecho

Ganó el PSOE, aunque en algunos lugares gobernará la derecha. Así va a ser en Madrid, pero también en Murcia, en Castilla y León o en Aragón; y en un buen número de capitales de provincia. Por eso, aunque ganó el PSOE, se salvó el PP. A Ciudadanos no le salen bien las cuentas y VOX parece haber encontrado un techo y eso que la debacle de la izquierda ha impedido cerrarles el paso a muchas instituciones, como ha ocurrido en Valladolid y en Castilla y León. De lo que no cabe duda es que perdió Podemos, perdió en todas partes, perdió en todos los aspectos.

De los resultados del 26-M sólo me interesa el futuro de la izquierda. Hace mucho tiempo escribí que el PSOE recuperaría buena parte del poder. Es lógico por su fuerte estructura orgánica y sus largos decenios de existencia. Le ha llegado el momento y suyo es el gobierno del Estado, el de media España autónoma y el de la mitad de los grandes municipios. Tiene más poder que capacidad para gestionarlo, así que será interesante hacer seguimiento del periodo que comienza.

La otra izquierda, la llamada del cambio, ha llegado a su fin. Podemos ha perdido todo el poder que tenía, Izquierda Unida ha profundizado el foso en el que habita, EQUO se va disolviendo sin necesidad de que nadie le ayude, bastándose a sí mismo para llegar al final. La izquierda del cambio ha desaparecido y ya no valen modificaciones de estrategia, revisiones profundas, ni siquiera la dimisiones que tenían que haber estado sobre la mesa en la noche electoral sirven ya para evitar el final.

La crisis de Podemos, de IU y de EQUO ha arrastrado a las confluencias allí donde las había, pero son éstas las que mejor han resistido. Lo refleja muy bien, por ser una confluencia ya muy consolidada, Toma La Palabra. Ha sufrido una importante rebaja, casi el veinte por ciento de los votos, y ha perdido una de sus cuatro concejalías, o sea, el mismo porcentaje. Pero ha resistido y lo ha hecho en medio de una dificultad extrema: con el aire a favor del PSOE, con un Podemos enemistado y agresivo, con una caterva de siglas y mezclas de los propios partidos confluyentes en TLP, que formaban un laberinto inextricable en la mesa electoral.

Hay que reconstruir la izquierda, pero no sirven los partidos existentes en su seno, sino las experiencias alternativas que se vienen ensayando.

Marcelino Flórez

Un alivio, pero escaso

Hay dos ganadores en las elecciones del 28 de abril, el PSOE y C’s; y dos perdedores, PP y UP. Victorias y derrotas lo son en distinto grado y, por eso, admiten lecturas en diferentes perspectivas.

En lo coyuntural e inmediato, la mayoría social respira aliviada, porque ha cortado el paso a una extrema derecha, que se anunciaba peligrosa, “sin complejos”. Las conquistas sociales no desaparecerán y podrán incrementarse en algunos aspectos. A medio plazo, este resultado electoral influirá en las elecciones de mayo, favoreciendo especialmente al PSOE y contribuyendo a demoler al PP. Por lo demás, pocos cambios pueden esperarse. Y, con toda probabilidad, el PSOE formará un gobierno con independientes y apoyos amplios del Parlamento para un programa común, pero nada de coaliciones.

A largo plazo, el resultado de estas elecciones anuncia mayores consecuencias. La consolidación de la renovación del PSOE hará silenciar definitivamente a sus “barones”, que tanto daño vienen haciendo a la socialdemocracia española. Pero, sobre todo, se anuncia un largo proceso de renovación en la derecha, ahora definitivamente diferenciada. Habrá que ver si, con el franquismo ya fuera de su seno, el PP es capaz de subsistir. Los efectos de la corrupción, que irán cayendo gota a gota de los tribunales, tal vez lo hagan desaparecer. Más aún, teniendo, como tiene, sustitutos, tanto para el nacionalcatolicismo, como para el liberalismo económico.

Más dudoso es el futuro de Unidas Podemos. La quiebra electoral ha sido tan notable, como anunciada. De poco ha servido la rectificación subliminal de Pablo Iglesias, con su moderado aire profesoral, contrapuesto a la cal viva que le sigue abrasando. El anuncio, que ha repetido ya dos veces, de una próxima sustitución de su puesto por una mujer quizá pueda encarrilar algo a ese sector de la izquierda. Aunque el asunto aquí no es sólo de personas, sino de proyecto. Sin apertura democrática, la construcción de la izquierda no tiene futuro. O cesan los autoritarismos de las ejecutivas y se da la voz a las bases territoriales o veremos retroceder los apoyos sociales inexorablemente.

Hay otro asunto oculto, que sólo ha podido ser observado desde el interior, en estas elecciones: la ruptura de EQUO. El partido ecologista, que nunca logró ocupar un puesto relevante en el panorama político, es ahora una entelequia. El escaño de Juanxo López Uralde no será suficiente para reparar el último desgarro en su seno. La vía del ecologismo tendrá que buscar otros caminos y eso será en la refundación general que reclama toda la izquierda.

Marcelino Flórez