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Unidad, ¿de quién?

La reunión de Valencia del 13 de noviembre, convocada por Mónica Oltra y protagonizada por Yolanda Díaz, ha vuelto a poner sobre la mesa el mantra de la unidad. La cosa es que en Valencia no se ha fijado de quién haya de ser esa unidad. Y no es sólo la notable ausencia de Irene Montero o de Ione Belarra. Tampoco estaba Teresa Rodríguez, una de las mujeres más representativas de los anticapitalistas. Cierto que Yolanda Díaz ha hecho un planteamiento muy transversal, aunque, por ahora, excesivamente impreciso. No querría yo perder la esperanza de un cambio, pero me vienen a la mente algunos problemas que aparecerán en el camino.

Lo primero que hay que advertir es que Izquierda Unida y Podemos tienen unido inexorablemente su destino. Podemos ya no es nada sin Unidas Podemos e Izquierda Unida no es nada sin Podemos. La unión es fuerte, pues no sólo es el presente real o el futuro inevitable, sino que se fundamenta también en el pasado, como quedó sellado en el abrazo con llanto de Pablo Iglesias y Julio Anguita en junio de 2016 o en el “pacto de los botellines”.

Y hay algunos problemas, no sólo por el presente, bien nutrido de conflictos internos, sino especialmente por el pasado. Con motivo del reciente centenario de la fundación del PCE, hemos podido leer estos días alguna opinión de destacados militantes o personas próximas al partido. Dice Sartorius en El País del día 14 de noviembre, para explicar la crisis del PCE en los inicios de la democracia, que el partido tuvo serias dificultades para “normalizar la discrepancia”, una forma bonita o eufemística de referirse al leninista principio del centralismo democrático. Y el día anterior en elDiario.es, en un artículo que titulaba Comunistas, explica su salida del PCE y de IU, “al separarse ambos de la línea proeuropea”. Pero concreta mucho más la discrepancia en el artículo de El País: “la oposición al euro; la propuesta de un proceso constituyente hacia la república; la reivindicación del derecho de autodeterminación; la “teoría de las dos orillas” fueron, en mi opinión, planteamientos erróneos”. Aquellas dificultades y estos planteamientos siguen vivos.

Todas las voces que nos llegan desde Unidas Podemos, desde que Felipe Alcaraz lanzara el pasado agosto la iniciativa de construir un frente amplio, insisten en crear un Frente de Izquierdas; por ejemplo, Carlos Guzmán, nuevo coordinador de IU en Navarra, hablaba en el Diario de Navarra del día 19 de octubre de construir un “frente amplio de izquierdas (para) disputar la hegemonía política al PSN”. Las “dos orillas” o, como se decían antes, la clase contra clase sigue siendo la estrategia. No discutiré la lógica de esa postura, que muy posiblemente pudiera servir para aglutinar todo lo que se posiciona a la izquierda del PSOE, pero ya nos ha demostrado la sociología electoral hasta la saciedad que ese conjunto tiene mucha dificultad para sobrepasar el 5 por 100 de los votos. No sé si con eso se podrá “disputar la hegemonía política” a los socialistas.

La palabra Frente tiene, además, muchas connotaciones precisas del pasado. Nos conduce a febrero de 1936 y a la belicosidad que caracterizaba aquel momento. De hecho, muchas voces que claman por la unidad esgrimen como principal razón la de cortar el paso a la extrema derecha. Vaya, calcado de 1936. Sin duda, se reclamará eso con un despliegue abundante de banderas tricolores. ¿Cuesta tanto entender que este lastre es tan pesado que hará insoportable su peso, como ha sugerido Sartorius? Pues ahí estamos.

El Frente me recuerda, por otra parte, lo que Joan Coscubiela ha calificado en El País del 29 de octubre de este año de partido matrioska, donde “la muñeca exterior, que se legitima electoralmente ante la ciudadanía, contiene en su interior otra muñeca parecida que, a la vez, encierra otra más pequeña aún que se arroga la función de marcar el paso a todas las demás”. Y Sato Díaz, en Público, lo especificaba así el día 27 de noviembre: “Un militante del PCE lo es, al mismo tiempo… de IU (organización en la que está incluida el partido, de la cual es el partido mayoritario, pero en la que hay un gran número de independientes que superan a los militantes del PCE); de Unidas Podemos (coalición formada por Podemos, IU, Alianza Verde y los comunes catalanes, principalmente); y del nuevo Frente Amplio (o como se llame lo que acabe liderando Díaz)”. El dirigente navarro de IU lo dejó también muy claro: el frente amplio se construirá sobre “los cimientos de Unidas Podemos” y precisa “con la misma alegría, ilusión y generosidad con la que nació Izquierda Unida en 1986”. La muñeca está perfectamente cerrada.

Nada de esto ha sido propuesto por Yolanda Díaz, que se ha limitado a alabar el diálogo y hacer una vaga referencia a “otras políticas”. Valencia puede ser el inicio de un camino. Si ese camino se dirige a un “frente de izquierdas”, no lo podrá recorrer con una buena parte de la población, definitivamente desengañada de las matrioskas. Pero si el camino busca la transversalidad, la confluencia de las diferencias, los cuidados de las personas, la defensa de la naturaleza, lo que nos preocupa cada día más allá de dos orillas o de lucha de clases y de banderas tricolores, ¿qué va a hacer, entonces, Unidas Podemos? ¿Se disolverá como un azucarillo en el agua o seguirá en la dinámica de las matrioskas? El mantra de la unidad se planteará en estos términos y ya hemos podido observar la intranquilidad que embarga a los protagonistas.

Marcelino Flórez

Errejón, Con Todo

Este libro de Errejón (Con Todo. De los años veloces al futuro) cuenta la historia de Podemos y de Más Madrid de forma autobiográfica. Son las memorias de Íñigo Errejón desde su adolescencia hasta mayo de 2021. En eso, el libro no engaña, es una narración siempre en primera persona, a veces en primera persona del plural por referencia al grupo, a la cuadrilla de seguidores.

Realmente la historia de Podemos ya la había escrito Errejón en la revista Jacovín. América Latina, donde el 10 de noviembre de 2020 publicó un amplio artículo con el título de Lo que pudimos. Lo que podremos. En lo que se refiere al análisis del fenómeno Podemos, encuentro, incluso, más rigor en ese artículo, aunque el libro contiene muchas anécdotas y otros elementos que dan un mayor significado a la narración. He de decir de entrada que el libro tiene mucho interés y, creo, un valor objetivo en tanto que documento. Hagamos un resumen.

El capítulo primero, No dejar de correr, narra su biografía hasta la creación de Podemos. Politizado desde la cuna, como buen hijo de unos militantes del PTE, se encaminó pronto hacia el movimiento libertario, pero en la Universidad descubrió el valor de la organización y de las instituciones, “el mayor patrimonio de los humildes”, dice. También reunió un grupo de amigos, con los que hará un largo recorrido desde el 15M hasta Podemos.

Insiste mucho en esta parte en que Podemos nació “por accidente”, al negarse IU a formar parte de la candidatura para las elecciones europeas de 2014. No oculta su animadversión hacia Izquierda Unida en contraste con la simpatía que manifestaba siempre Pablo iglesias. En realidad, parece estar anunciando lo que habría de venir.

Además del 15M y su exhibición de indignación social transversal, afirma que le influyó la experiencia electoral en Bolivia, en cuyas campañas participó como asesor. Ahí cifra su opción por un movimiento nacional-popular, eso que teorizó en los primeros documentos de Podemos y que a mí me producía aquel molesto hormiguillo, del que dejé constancia en el blog.

Abro aquí un paréntesis para decir que el libro, además del relato autobiográfico, contiene seis excursos, donde teoriza la experiencia política narrada. Dos de ellos, los más intensos y complicados, están en este primer capítulo: “Política (y democracia)” y “Hegemonía y pueblo”.

El capítulo segundo, El doble de intensidad en la mitad de tiempo, narra el crecimiento meteórico de Podemos entre las elecciones europeas de 2014 y las generales de diciembre de 2015. Comienza a haber discrepancias internas, que se van resolviendo sin romper el modelo nacional-populista, perfilado en la Asamblea de Vistalegre, que entrega todo el poder al jefe. En esa fase, Podemos tiene obsesión con la marca, cuya presencia exigirá en todos los procesos electorales de ese año. En diciembre, quedó a muy pocos votos para alcanzar al PSOE, un éxito sin discusión.

El éxito, sin embargo, no puede ocultar dos contrariedades que habían tenido lugar en el camino con motivo de las elecciones municipales y de algunas autonómicas. Renunciaron a participar en las municipales, aunque la marca enmascarada sí se presentó en algunos lugares. Ocurrió, sin embargo, que también se formaron candidaturas municipalistas, “que no dan miedo”, sin sopa de letras, surgidas como “plataformas ciudadanas nuevas”. Y son esas las que triunfaron. Era un aviso, que entonces apenas se avistaba. De hecho la prensa y la opinión pública siguió identificando esas plataformas con Podemos durante mucho tiempo. Más evidente fue el aviso con las candidaturas autonómicas: “No hemos conseguido los objetivos cuando íbamos con la marca Podemos y, sin embargo, donde nuestra marca no estaba y se ha abierto la cosa, hemos pasado al PSOE”-155-.

Errejón reconoce dos aprendizajes fundamentales en esos periodos electorales: el primero que, como dicen las encuestas, Podemos da miedo a 7 de cada 10 españoles y así no se puede gobernar; el segundo es la idea de plurinacionalidad y dejar que las confluencias tomen “las decisiones en su tierra”-161-.

El capítulo tercero, En el castillo (se respira distinto), narra el bloqueo a la formación de gobierno y la repetición electoral en junio de 2016, donde ya se manifiesta la diferencia radical de estrategia entre el grupo de Pablo y el grupo de Errejón, lo que se dilucidará en Vistalegre II, en cuya asamblea Íñigo pierde todos sus poderes, aunque sigue participando en el partido.

Refiere dos hechos, convertidos muy pronto en símbolos: la referencia a los GAL y la cal viva, durante la sesión de investidura el 3 de marzo, que representa a “los duros” de Podemos frente a los “pactistas”; y el irrefrenable llanto de Pablo Iglesias al abrazarse con Anguita en junio de 2016 durante la campaña electoral, que refleja mejor que cualquier argumentación qué se entendía por unidad de la izquierda, a lo que los de Pablo denominan bloque histórico y Errejón considera que está en las antípodas de ese concepto gramsciano. En las elecciones, ese abrazo dio como resultado un millón de votos menos que seis meses antes.

La ruptura, sin embargo, se producirá a causa de Madrid en 2019. La dirección de Podemos encargó a Errejón encabezar la candidatura a la Comunidad de Madrid, un aparente retiro dorado, pero le puso todos los obstáculos posibles para organizar su candidatura, a pesar de que su lista arrasó en las primarias. Aguanta un tiempo la presión, pero cuando la dirección de Podemos expulsa a Rita Maestre y a los concejales de Ahora Madrid, Íñigo decide también marcharse: “Hasta luego, Maricarmen”, como dijo Rita en un tuit.

El capítulo cuarto, Volver a respirar, cuenta la creación de Más Madrid. La iniciativa es de Errejón, en el contexto que acabamos de reflejar, y la construye en el máximo secreto. Se la cuenta a Manuela y sale adelante. Manuela sigue pensando que Podemos entrará al fin en la plataforma, pero no será así. Es más, el día de reflexión Pablo Iglesias pedirá el voto para la candidatura que IU presentaba al Ayuntamiento, que no logrará rebasar la barrera del 5 por 100. Más Madrid sale muy bien parada en la Comunidad, aunque no logra cortar el paso a la derecha, además de perderse el Ayuntamiento.

En abril había habido elecciones generales, pero de nuevo se produce el bloqueo y no se forma gobierno. Ahí nacerá Más Pais, una decisión muy polémica, aunque colegiada. Después de una difícil campaña, sobre la que irrumpe la sentencia del procés, los resultados para Errejón son muy malos, alejadísimos de las previsiones iniciales. Es un fracaso evidente y así lo reconoce el principal responsable, aunque termina el relato con un rasgo de optimismo: “Pero hemos entrado”. Observándolo dos años después, he de reconocer que no le falta razón para ese optimismo, pues el Congreso le ha dado la oportunidad de visibilizarse y mantener su posición política y, quizá, de crecer.

El capítulo quinto y último, Un final que es un principio, cuenta las elecciones del Madrid de Ayuso, donde se muestra la fortaleza de Más Madrid, que se convierte en el principal partido de la oposición, sobrepasando al PSOE. Y eso, a pesar de la presencia de Pablo Iglesias en la cabecera de la lista de Podemos. Es la consolidación de una fuerza política verde y autónoma. Su eslogan electoral, “por lo que de verdad importa”, recoge lo aprendido en el proceso político de “los años veloces” con el añadido de la covid, un aprendizaje que recoge la cultura básica del feminismo y del ecologismo: la necesidad de los cuidados para proteger la fragilidad de las personas y la fragilidad de la naturaleza.

Si a lo relatado en el libro unimos las alianzas de Más País con Verdes-EQUO y con Compromís; si unimos la “Declaración de Zaragoza” del 28 de octubre, que suma a la Chunta Aragonesista a esas alianzas; y si efectivamente hay organización “tanto en Cataluña como en Andalucía y en Murcia”, parece probable que en verdad esté configurándose una nueva fuerza política. ¿Estará dispuesta esta fuerza a escuchar el canto de sirena de la unidad de la izquierda? Viendo lo que dice el libro, hay un abismo estratégico entre esas dos opciones, además del desencuentro afectivo, que puede tanto o más que la estrategia. Se me antoja que Yolanda Díaz va a tener difícil este caladero.

Marcelino Flórez

Intranquiladad en VTLP

En todas las reuniones de TLP a las que asisto desde hace unos meses, se advierte mucha intranquilidad por el futuro incierto que se avecina. La preocupación para algunos no es cosa de un día. Para probarlo, transcribo dos escritos sobre estas preocupaciones de hace ya tiempo: el primero, «Sobre la confluencia» es del 27/12/2017, y el segundo, «TLP en adelante» es el 2/12/2019, a los que añado una reflexión actual, «Los problemas de TLP».

  1. Sobre la confluencia (27/12/2017)

Reflexiones a propósito de la propuesta que hace VTLP :

1. La confluencia de organizaciones y personas en una asamblea ciudadana me parece excelente. VTLP ha funcionado aceptablemente bien, sobre todo en los dos primeros años de existencia. Sin embargo, ha estado menos activa y ha sido menos eficaz después del primer año de gobierno municipal. Es muy probable que eso se relacione con la imprecisa personalidad y débil autonomía que finalmente ha tenido VTLP, acentuado por el hecho de que la única imagen pública ha sido la imagen aportada por las personas con alguna responsabilidad municipal.

2. La fórmula que se ha utilizado para organizar la confluencia, una coalición de partidos, finalmente ha sido ineficaz, porque ha debilitado, casi hasta anular, la imagen autónoma de VTLP. El factor municipalista, tan importante para esta asamblea, no ha logrado mostrar su impronta de confluencia ciudadana. La coalición electoral es una fórmula contraria a los valores de la asamblea ciudadana, a pesar del respeto que ha existido por parte de los partidos coaligados.

3. Yo apuesto por reproducir la confluencia, pero dando un paso más y garantizando la plena autonomía de VTLP. Esto significa que habrá que fortalecer los aspectos organizativos, dotándolos de un grupo ejecutivo incluso. Tendrá que haber una sede específica y una personalidad claramente distinta de los partidos ahora coaligados o los que se sumen en el futuro.

4. La nueva confluencia debería adquirir la forma de partido político autónomo. Para pertenecer a él, siendo afiliada de otros partidos, bastará con que esos otros partidos se abstengan de participar en las elecciones municipales. Podrá reservarse un puesto entre los primeros de la lista (en el orden que resulte de una votación específica) para una persona propuesta por cada uno de los partidos participantes que así lo deseen, siendo todos los demás puestos elegidos por la asamblea entre personas que cuenten con el número de avales que se determine.

Habría que dirigirse expresamente a ‘Podemos’ para invitarle a participar en la asamblea y en la confluencia; y hacer la misma oferta en términos generales para cualquier otra formación que lo desee.

5. El programa y la candidatura se confeccionarían desde la asamblea ciudadana, a través de grupos de trabajo y de encargos específicos a personas particulares.

2. TLP en adelante (2/12/2019)

Independientemente de los avatares políticos que nos rodean y de los que hayan de venir, la Asamblea de TLP debería tomar la decisión de permanecer conforme a los principios en los que fue constituida y que son los mismos que le han guiado en su discurrir; y, al mismo tiempo, sería conveniente hacer una reflexión para perfeccionar su propia identidad.

La voluntad de permanencia implica, en primer lugar, la decisión de acoger en su seno a toda organización política o social que lo desee. La única condición sería no competir electoralmente en la provincia de Valladolid. También habrá que cumplir con los estatutos, evidentemente, pero existiendo siempre la buena disposición para poder reformarlos. Tomar esta decisión significa que TLP no necesitaría hacer coaliciones con ningún partido, sino que aquellos partidos que buscasen la coalición serían invitados a formar parte de TLP.

El proceso identitario de TLP no resta nada a la autonomía de las organizaciones integradas, sean políticas o sociales, pero sí delimitan claramente los espacios: TLP actúa exclusivamente en el municipalismo y su espacio es la provincia. Esto sin perjuicio de que pueda establecer las alianzas que considere con otros movimientos municipalistas o con otras fuerzas políticas.

Para reforzar la identidad de TLP hay que pensar lo primero en la oportunidad o no de convertirse en un partido político autónomo de ámbito provincial, que sustituya a la actual coalición de IU y EQUO. Debería quedar claro que no se pretende competir con los partidos de ámbito regional o estatal, sino que únicamente se opta por actuar en los Ayuntamientos de la provincia de Valladolid. Las redes que pudieran establecerse con otros movimientos municipalistas en ningún caso buscarán la creación de una nueva fuerza política que actúe más allá del municipalismo.

El movimiento transformado en partido autónomo debería conservar la estructura vigente: una asamblea con plenos poderes, guiada por la búsqueda del consenso mediante el diálogo; grupos de trabajo, emanados de la asamblea; y una coordinación, abierta como lo es ahora, pero dotada de mayor eficacia ejecutiva.

Además de finanzas propias, sería imprescindible la disposición de locales estables y de gestión autónoma. Una forma posible para disponer de espacios sería dotarlos de diversas funciones, a la manera de los batxoki del nacionalismo vasco. La disposición de un bar, abierto a la ciudadanía, podía ser una forma de autogestión de esos espacios; y para su creación se podrían organizar cooperativas de personas asociadas a TLP. Esos espacios deberían convertirse en centros de irradiación de cultura, especialmente de cultura política, en los barrios urbanos y en los pueblos.

3. Los problemas de TLP

Probablemente, la mayor preocupación de las personas inscritas en TLP sea en estos momentos la incertidumbre acerca del futuro de esta asamblea municipalista. Así lo pudimos comprobar en la reunión del mes de julio o en la coordinación del 6 de septiembre de 2021, después de la dimisión de Virginia Hernández como diputada provincial.

Las personas que participaron en esas reuniones expresaron la preocupación recitando lo que no son sino debilidades de TLP: sentirse solos los concejales, no dar respuesta pronta a los conflictos, falta de referencias públicas de las personas responsables y cosas semejantes.

En mi opinión, algunas de esas deficiencias proceden de la organización que nos hemos dado, una organización muy imprecisa y, de hecho, ineficaz. Existe una asamblea, pero no es ella quien elige su gobierno, sino que éste se forma por libre adhesión de las personas. Ese gobierno, que se conoce como coordinación, carece de figuras responsables de cualquier tipo. No existe una presidencia o una secretaría. Por supuesto, no existe una tesorería. No hay cargos. Formalmente, hay dos personas portavoces, pero se desconoce su status y sus competencias. Existen unos grupos de trabajo, que en la práctica no funcionan, salvo el de comunicación, pero no existe coordinación entre ellos ni una figura encargada de la misma.

Este déficit organizativo se ha venido resolviendo por distintas vías: asumiendo las personas concejales la dirección de TLP; derivando a las personas contratadas la confección de actas, la convocatoria de reuniones y otras tareas; dependiendo subsidiariamente de uno de los partidos coaligados en todas las necesidades infraestructurales; o, sencillamente, dejando que el paso del tiempo fuese resolviendo los problemas.

La consecuencia más importante de este déficit organizativo es la falta de identidad de TLP. Tenemos que reconocer que los principales responsables de esta falta de identidad somos nosotros mismos. Posiblemente, una buena parte de nosotros hayamos estado tan a gusto en esa situación. De hecho, en la encuesta que VTLP realizó a finales de 2019 sólo una persona, que era yo mismo, manifestó preocupación por la falta de identidad y así lo refrendó uno de los responsables en reunión de coordinación, con lo que no hubo ni que discutir las sugerencias que se hacían.

Por fin, en los próximos días se convocarán asambleas para tratar específicamente del futuro de TLP. La hora de tomar decisiones ha llegado. Ya no vale el argumento de que era uno solo el preocupado por estas cosas.

Marcelino Flórez

Los espacios de la izquierda

Escribo para mis amigos. Si, de paso, lo lee alguien más y hasta le provoca una reflexión, bien. Pero yo escribo para mis amigos, no sólo para que confirmen cómo pienso, sino para que podamos seguir tomando vinos, sabiendo que militamos en campos distintos, en el caso de que esa sea la situación.

Cuando, hace ya casi dos décadas, Izquierda Unida dejó reducida su representación parlamentaria a dos únicos diputados, la búsqueda de la unidad de la izquierda se convirtió en la principal demanda en ese espacio político. Había una clara conciencia de que se trataba de un espacio muy plural, con idearios políticos próximos, pero con métodos, experiencias y trayectorias casi antagónicas.

Estábamos en este proceso e irrumpió Podemos, que atrajo la simpatía de la mayoría de ese espacio político y de otras posiciones más transversales. Llegó a superar los setenta diputados, cosa nunca soñada en la izquierda. Pero la ilusión fue muy pasajera. En sólo tres años, Podemos redujo su representación parlamentaria a la mitad y ello a pesar de haberse coaligado con Izquierda Unida. Las cosas comenzaron a ir cada día peor: Podemos perdió toda representación en Galicia y en el País Vasco, se rompió en Andalucía y se hizo casi residual en Madrid. Sin embargo, había llevado a su fin el recorrido político: la unidad de la izquierda plural había sido reemplazada por la nueva “casa común” de Unidas Podemos.

En Europa, al mismo tiempo, se consolidaban tres espacios de lo que se viene denominando izquierda: el socialdemócrata, el verde y el de la izquierda unitaria. En esta nueva situación, Los Verdes, antes siempre marginales, comenzaban a adquirir mayor representación cada día. Este es el contexto en el que hay que entender la situación en la que actualmente estamos en España. También aquí hay ya y definitivamente tres espacios diferentes en lo que no es derecha: el PSOE, con toda su historia, que es, a la vez, su fuerza y su debilidad; Unidas Podemos, un espacio definido de izquierda, cada vez más acotado y preciso; y Los Verdes.

La cuestión, en España, es precisar qué es eso de Los Verdes. La marca oficial europea se la ha quedado Verdes-EQUO, un partido bien pensado en su origen, pero que ha sido siempre marginal e, incluso, insignificante. Su presencia política ha dependido habitualmente de las coaliciones de las que ha formado parte, donde ha estado en minoría y poco menos que de prestado. La Conferencia Política celebrada los días 5 y 6 de junio ha decidido fortalecer la alianza con Más País, donde la ecología política se vislumbra como el eje articulador del pensamiento y de los programas electorales.

Además del pensamiento político, definido prioritariamente por la ecología política, el nuevo espacio verde, que trata de construir EQUO con sus alianzas, tiene una connotación metodológica que marca una diferencia esencial con los ámbitos de las otras izquierdas. Frente al centralismo y la configuración jerárquica, que ha sido la seña de identidad de Podemos, manifestada, por ejemplo, en la obligación de introducir sus siglas en cualquier alianza, el nuevo espacio verde que se construye es de naturaleza decididamente federal. Eso se concreta en respetar y apoyar a las formaciones municipalistas allá donde existan o en aliarse con las ofertas políticas regionales existentes, siempre que sitúen el ecofeminismo como elemento articulador de sus proyectos políticos. “Será flexible y respetuoso con las realidades existentes en cada territorio, para abordar las elecciones locales y autonómicas”, dice la Conferencia Política.

Nada, pues, de nacionalismo; nada de izquierdas; nada de centralismo, aunque se diga democrático. Todo para la autonomía regional de municipios y regiones que optan por el cuidado de las personas y de la naturaleza; y búsqueda de la confluencia estatal bajo esos mismos principios ideológicos y metodológicos. “Construirá un proyecto de país para las elecciones generales, cuyo traslado al campo electoral se hará teniendo en cuenta las realidades territoriales en su conjunto, con unos mínimos garantizados en conformación de listas, cargos electos y técnicos, reparto económico, gestión de la coalición, adopción de decisiones, etc. para todas las partes que componen la coalición”, dice la Conferencia. Lo miso se prevé para las elecciones europeas, con una concreción: “Y concurrirá conjuntamente a las elecciones europeas, integrándose en el Grupo Verde del Parlamento Europeo”.

Se acabó, pues, el mantra de la unidad de la izquierda. Cada palo ha de aguantar su vela y los pactos, si hay que unir minorías de gobierno, se hacen en Ayuntamientos, en Comunidades Autónomas y en el Congreso de los Diputados. Esto es así y cuanto menos nos engañemos, mejor.

Marcelino Flórez

Fin de ciclo

El 15 de mayo de 2011 cientos de miles de personas se manifestaron en las plazas de Madrid, de España y de varios continentes, pidiendo un mundo nuevo. En su mayoría, eran jóvenes. Pero ninguna movilización tiene éxito, si no tiene canales para hacer efectivas sus reivindicaciones. En el mundo moderno, el que sigue a las revoluciones burguesas, esos canales se llaman partidos políticos. A rebufo del 15-M apareció Podemos, que tuvo un éxito espectacular en un primer momento: consiguió las alcaldías de Madrid y de Barcelona, de Zaragoza, de Valencia y de otros grandes municipios; encontró sitio en todos los parlamentos regionales; y logró 75 diputados en Las Cortes. Un potencial enorme.

Cinco años después de aquel éxito, Podemos está reducido prácticamente a la nada, o sea, a los poderes que tuvo Izquierda Unida en sus buenos momentos. Después de las elecciones en Euskadi y en Galicia, que confirman una tendencia, se puede afirmar que Podemos carece de futuro. Para ser exactos, Podemos y sus coaliciones son un camino cerrado. Ha llegado el final del ciclo.

En los orígenes hubo un importante debate sobre si construir una confluencia o una coalición. El grupo dominante determinó que había de ser una confluencia, pero sin sopa de letras, lo que se interpretaba como la inclusión de toda la izquierda en la casa común de Podemos. Una primera quiebra ya en 2016 lo transformó en coalición, que si no era una sopa, sí albergaba alguna suma de letras. Desaparecidas las de EQUO, quedaron fijadas como Unidas-Podemos. Eso es lo que ha quebrado. Y la quiebra no ha sido el 12 de julio de 2020, sino que venía produciéndose desde 2016, aunque nunca haya querido ser así reconocido por los dirigentes de la coalición. Casi parece una broma, pero la coalición en Galicia terminó llamándose Galicia en Común-IzquierdaUnida-Podemos-Anova-Mareas. No quieres caldo, toma tres tazas … de sopa de letras.

Después de las elecciones de noviembre y de la previsible formación de un gobierno de coalición, escribía yo que teníamos cuatro años para reconstruir una alternativa, pues lo que había estaba quebrado. Aquella, entonces incierta opinión, se ve refrendada ahora. Pero la reconstrucción ya no puede ser en forma de confluencia, sino de ruptura, porque lo que hay no sirve y se necesita algo nuevo, aunque la coalición vigente tenga por delante un todavía largo camino de existencia.

También el municipalismo ha salido fracturado. En Barcelona, reducido a la mínima expresión, aunque gobierne; en Madrid, una incógnita que tendrá que despejarse; en Valladolid, uno de los mejores ejemplos de confluencia, en crisis manifiesta; en la mayor parte de los municipios, desaparecido. La reconstrucción es inevitable y habría que empezar desde abajo. Primero, recuperar el municipalismo, ahora ya sin ambigüedades: una asamblea autónoma, con representantes directos, con espacios propios, sin identidades prestadas. Después, la región, donde se podrá respetar lo que existe, siempre que sea capaz de regalar sus estructuras al común. Finalmente, el Estado, mediante una nueva organización de carácter confederal, porque el hecho de la pluralidad nacional hay que asumirlo en toda su extensión.

Alguna condición sí tendría que haber: elección universal de líderes federales, sin designaciones; elección provincial y local de candidaturas; elaboración participada de programas electorales. Eso y un método acogedor y no segregador podría servir de ensayo.

Marcelino Flórez